Reconstruir una vida II: liberando cargas - Coaching de Familia Sistémico - Susana García Gutiérrez - Coach de familias monoparentales

Reconstruir una vida II: liberando cargas

por / lunes, 17 mayo 2010 / Publicado enactitud, cambiar, cuento, trabajo
«Marcela dejó hablar a su amiga, escuchándola atentamente, sin perder detalle de sus palabras y de sus emociones. No podía verla, aunque sí sentirla: sus hipos, su respiración entrecortada a veces, sus expresiones de indignación y reproche.

Dejó que se vaciase, que terminase de soltar toda la angustia que llevaba dentro. Cuanto sintió más sosiego en su voz y la respiración más pausada se decidió a intervenir.

– ¿Me dejarías que te contase algo para ayudarte con ese nubarrón del que no ves salida? ¿Te parecería bien? Sólo si tú quieres y piensas que puedo aportarte algo de luz.

Luisa, en el fondo, sabía que esa voz interior que la había llevado a llamarla quería además que le dijese qué hacer, hacia dónde moverse. También sabía que ella no le pondría las cosas tan fáciles y se sintió cansada. Entonces volvió a recordar cómo Marcela vivía cada día con pasión, había tenido en su vida grandes cismas, personales y profesionales, y había aprovechado cada uno para hacer algo nuevo, diferente. La había visto hundirse y levantarse. Ella, por el contrario, se sentía indefensa, incapaz de zambullirse en esos torbellinos. Aún así, se preguntó a sí misma, ¿por qué no? Y entonces asintió.

Marcela evaluó cuidadosamente ese instante, recordando las palabras de su amiga sobre el control que ella quería ejercer a toda costa acerca de lo que sucedía en su vida. Entonces le recordó cuántas veces le había dicho que ese trabajo no le daba más que la compensación monetaria. También que disfruta enormemente de sus clases de cocina y además conocía por sus compañeros que había preparado platos que habían denominado «espectaculares» para algunas de sus fiestas. Y hasta sabía que había perdido la noción del tiempo en alguna de ellas mientras preparaba tales exquisiteces. Y con todo ello, mantenia 2 horas de curso, para sentir que no le presiona, aunque parece que su corazón le pedía estar más tiempo.

Con estas premisas y por su dilatada amistad, Marcela sabía que Luisa no saldría fácilmente de su organización y su minucioso calendario. Era extraño, ¡no era capaz de ver esas habilidades que ella misma admiraba! Eso que no se atrevía a mirar le había caído encima y la cuestión era que viese cuántas posibilidades se le abrían ahora, para hacer cosas nuevas, para descubrir aquello que veían el resto de personas a su alrededor.

Conversaron aún bastante tiempo, quizá 1 o 2 horas. Durante ese tiempo Luisa empezó a ser consciente de su facilidad para crear platos nuevos de la nada y cómo cocinar la conectaba con sensaciones de plenitud. También tuvo tiempo para repasar una larga lista de cualidades que podía utilizar para enfocarse en qué quería hacer. Por otro lado, se percató que el miedo la había mantenido inmovil todos estos años, miedo a errar. Y con ese miedo se había fallado a sí misma para no hacerlo a otros. Pensó que si era capaz de mantener la tablilla que había creado el oleaje no la mojaría y se había dado un gran chapuzón cuando llegó la carta de su despido. Aprendió en esa fructífera conversación que el cambio no es sinónimo de pérdida. Que si gestionaba y canalizaba sus emociones y su energía de forma adecuada, quizá no ganase todas las batallas aunque sí se aseguraba crecerse a cada paso.

Al colgar el teléfono, Luisa tenía una sonrisa dibujada en sus labios. Y repetía incesantemente:
viajar y comer, viajar y comer, viajar y comer.

Había encontrado un nuevo camino para transitar. Aún no era seguro dónde la llevarían sus pasos, no tenía decidido cada uno de ellos, sólo el primero. No volvería a esperar que las circunstancias la atraparan, sería ella quien se prepararía a fondo para enfrentarlas.»

Empezar a buscar las respuestas a tus preguntas fuera de tí, en otras personas sólo te puede dar soluciones para esas otras personas. Tus propias soluciones sólo pueden venir de tí.

Aquello que nos decían nuestros padres, cuando una puerta se cierra se abre una ventana. Es eso exactamente lo que necesitamos encontrar, la o las ventanas que diseminadas a nuestro alrededor son las oportunidades que se nos presentan. De nada sirve querer que la puerta que se cerró se vuelva a abrir, apalancarnos a su lado y cansarnos mientras la golpeamos. Cuando sueltas esa carga, estarás más ligero y con energía renovada para iniciar una nueva aventura.

Cada nuevo camino puede asustarte. En tí estará averiguar si esos miedos son reales o no, y enfrentarte a ellos. Manejar tus emociones es un paso crucial para moverte con seguridad. Si llevas a tu mente emociones negativas y las perpetuas en el tiempo se enquistan. Puedes llegar a creer que «siempre» estuvieron ahí y necesitas recordar que tú las creaste y tú también puedes eliminarlas.

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AUTORA

    Susana García - imagen circularSusana García Gutiérrez, Formadora y Coach de Familia-Educativo Sistémico,  fundadora de “Familia y coaching”, Fundadora y directora de Centro FAMES (Centro de Formación para la Familia y la Escuela). Es 1ª Coach de Familias Monoparentales en España. Co-fundadora de AECOFAME (Asociación Española de Coaching de Familia y Educativo) y su primera presidenta 2010-13    

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