Reconstruir una vida I: la falacia del control
«Vi el miedo reflejado en su cara cuando se enteró de la noticia. Asentada en una vida cómoda y sin demasiados sobresaltos, así era la historia de Luisa. Un sueldo que le permitía llevar la vida que quería, salir, entrar, tomarse una cervecita con los amigos, unas pequeñas vacaciones en verano y un día a día bastante placentero. Una familia con la que cumplía la visita quincenal a sus padres y los cumpleaños de rigor. Todo muy bien medido y milimetrado.
Al leer el escrito cayó en la silla de su escritorio totalmente desolada. ¡Era una carta de despido! Después de años trabajando allí, sintió una punzada pues no parecía que hubiesen dudado a la hora de elegirla como candidata en la primera lista de despidos. No lo esperaba, siempre pensó que había dedicado sus 8 horas al día a hacer lo mejor posible su trabajo, por mucho que éste no fuese la ilusión de su vida, se consideraba una profesional y hacía lo que tenía que hacer.
No había explicaciones, ni menciones, ni reseñas. Un simple «Gracias por sus servicios» y un adiós que le sabía amargo. Menos mal que la indemnización parecía, al menos, dejarle un margen. Claro que no sabía para qué, pues se encontraba bloqueada.
¿Qué haría ahora? Todo lo que sabía hacer estaba allí, en su vida ordenada y tranquila, no se había formado en otras áreas, pues tampoco pensó que fuese necesario. Ni había hecho contactos, sus relaciones se limitaban a un par de amigas de la niñez y a sus amigos del grupo de cocina, algo que hacía por puro placer, eso sí cumpliendo con los martes de 19:00 a 21:00 y nada más. ¡Su vida perfecta se había ido al traste!
Para Luisa un imprevisto y salirse de sus horarios era todo un problema. Lo cierto es que los manejaba con dificultad y con mucho enfado. Al final algunas cosas se organizaban y ella, simplemente, vivía impaciente el suceso hasta que volvía a sentir que tenía el control.
Tomó el teléfono y se le ocurrió hablar con su amiga Marcela, quien muchas veces le animó a moverse, a cambiarse de trabajo, de casa, de algo, a vivir de otra manera más acorde a sus propios gustos personales. A Luisa le parecía estúpido cambiar su sueldo fijo y sus costumbres por algo que no iba a poder controlar. Al fin y al cabo, consideraba que vivía bien. Siendo sincera consigo misma, la historia de Marcela era tan caótica como emocionante, conseguía vivir apasionadamente hasta el hecho de pasear a su perro.
Aún no sabía por qué el nombre de Marcela fue el primero en llegar a su cabeza. Por un pequeño e inapreciable instante se dejó llevar y marcó el teléfono. Al oir la voz de su amiga ya estaba arrepentida, no obstante sintió que no podía escapar y su cólera mezclada con sus lágrimas explotaron.»
Estoy segura que reconoceis una historia similar, bien por haberla vivido en primera persona, o bien, porque algún conocido o familiar haya estado en semejante situación.
Cambiar suena, a veces, a perder. A mí también me pasó una época. Nada más lejos, es la oportunidad de encontrar cosas nuevas, de avanzar, de crecer.
¡Si cada día cambian las cosas cómo voy a conseguir controlarlas! Cambio y control son dos ideas opuestas, pues el devenir de la vida es una continua transformación, ¿y acaso tú puedes controlarla? Espero que estés de acuerdo conmigo en decir NO.
Ahora bien, sí puedes gestionar qué hacer con lo que te llega. No puedes evitar que una persona te pise en el autobús, sí puedes elegir sonreirle y disculparle, apartarte sin más, enfadarte, agredirle … hay muchas opciones. Elige la tuya.
La falacia del control es creer que estamos por encima del resto y tenemos el mando. Gestionar, fluir, navegar está asociado a reconocer que somos parte del engranaje de algo mayor y que tenemos capacidad de acción desde nuestra pequeña parcela, la que depende única y exclusivamente de nosotros.
Espero que sigais esta pequeña historia la próxima semana, para encontrar junto a Luisa otra forma en encarar el oleaje. Y mientras tanto, podeis darme vuestras opciones, vuestras ideas, vuestras soluciones. ¿Qué has hecho o harías en esa situación?
_____________________________________________________________________________________________________AUTORA
   
Susana García Gutiérrez,
Formadora y Coach de Familia-Educativo Sistémico, fundadora de “Familia y coaching”, Fundadora y directora de Centro FAMES (Centro de Formación para la Familia y la Escuela). Es 1ª Coach de Familias Monoparentales en España.
Co-fundadora de AECOFAME (Asociación Española de Coaching de Familia y Educativo) y su primera presidenta 2010-13
 
 
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