3 errores al ejercer la autoridad - entre el ser y el tener - Coaching Sistémico de Familia y Educativo

3 errores al ejercer la autoridad – entre el ser y el tener

por / lunes, 16 noviembre 2015 / Publicado enautoconocimiento, compromiso, conciencia, familia, hijos, madres, niños, padres
Limites-y-Autoridad-A-distancia

Continuamente oigo hablar de la autoridad cuando se refiere a maestros, también a padres. Cada día, de verdad, leo en algún lugar, escucho en alguna de mis ponencias que los chicos no respetan la autoridad. Los profesores, especialmente, se quejan de cómo han perdido la calidad de autoridad que tenían en el pasado. Los padres dicen que les cuesta ejercerla, los chicos de ahora son distintos dicen. ¡Hablan de sus chicos! ¿Qué está pasando? Algo bastante simple, aunque requiere la capacidad de auto-crítica. Se comenten habitualmente estos 3 errores al ejercer la autoridad – entre el ser y el tener hay una notable diferencia.

Tipos de autoridad.

«Ser una autoridad» o «Tener autoridad». ¿De qué estamos hablando? Me refiero, qué están pidiendo los profesores, los padres, las personas adultas. Hay un problema, está en el lenguaje, en las palabras, en la interpretación, en los mapas. El problema realmente no es un problema, pues cada persona interpreta a su modo el mundo que le rodea y, por añadidura, también la forma de aplicar este concepto.

¿Qué clase de autoridad quieren? ¿Esa que da el señor estado? O mejor aún, papá estado, en su bondad infinita vela por protegernos de nosotros mismos, nos dice qué está bien y qué está mal, qué hacer, da el poder a quien «debe tenerlo» y se lo quita a otros. ¿Y si buscamos en nuestra propia historia? ¿Y si re-encuadramos la palabra AUTORIDAD?

De hecho este es un ejercicio que tenemos en clase y dentro de mis cursos cuando toco este área unido al tema de normas y límites, porque se producen muchos bloqueos como consecuencia del uso de este vocablo asociado por muchas personas al poder, a quien puede más, al ordeno y mando.

No me extraña que se bloqueen. A quien de nosotros, adultos, nos gusta que nos digan qué tenemos que pensar, hacer y decir, sin cuestionar, ¿acaso nos gusta que alguien se sitúe en posición de poder sin más y nos dirija la vida? Pues si a nosotros no nos gusta, imagina cómo se sienten los chavales. Eso, en realidad, cuando hablamos de poder está mucho más cerca de lo que yo entiendo por autoritarismo, en la práctica ambas palabras se entrecruzan peligrosamente en la vida diaria.

Y es curioso, porque yo escribo esto y me he caracterizado en mi vida por seguir las normas, entendiendo que están ahí para apoyar y ayudarnos. Eso si, sin avasallar señores, sin menospreciar mi inteligencia. Y, aún así, entono el mea culpa porque ha habido ocasiones que por seguir a la autoridad competente, me he desviado de mis valores más profundos. Esas veces, con sensación amarga en mi boca, me he ido a dormir muy descontenta conmigo misma.

Nuestra historia, especialmente en España, país donde la impronta Romana dejó una huella difícilmente ocultada por los siglos de la ocupación árabe. Muchas de nuestras palabras, esta en concreto lo es, provienen del latín. Es ahí donde recuperamos la esencia de esa palabra, más allá de los caracteres escritos.

Ser autoridad.

La auctoritas romana provenía del conocimiento, una posición que se adquiría por la sabiduría, uniendo la acción, el saber hacer a ese conocimiento. Entonces, ¿por qué parece faltar?. Parece que esa no interesa, porque genera un estado de responsabilidad y auto-crítica con nosotros mismos, creando el resultado a partir de nuestra actividad: pensar+decir+hacer, conocimiento+acción. ¡Ay! Es mucho más cómodo que la autoridad venga de serie, dando por hecho que lleva implícita esa actividad en nosotros, cuando no siempre es así.

A partir de ahí es cuando puedes perderte, hay padres y profesores que se pierden. No todos afortunadamente. Porque en aras de tener una autoridad solo asignada no adquieren por sus medios, no trabajan en ocasiones por crearse una o mejorar en alguna medida, si tenemos en cuenta la historia romana. Es en ese momento cuando piden a sus hijos y alumnos el respeto a la autoridad y no lo encuentran.

Un hijo necesita un referente, un líder, alguien a quien querer seguir y no a quien le mandan seguir. Igual sucede en el aula entre alumnos y profesores.  De la misma forma que nosotros como individuos, en la empresa y en la sociedad queremos líderes a los que admirar y seguir para aprender y mejorar. Y esto va asociado a un pensamiento crítico, va unido a «ganarse esa autoridad». Tiene que ver con sumar a la autoridad del «tener» previamente adquirida por jerarquía o puesto, la autoridad del «ser» que día a día vamos construyendo.

¿Cuál es tu actitud como padre, madre o educador?

Pedir a los chicos, a los jóvenes, sean hijos o alumnos, algo diferente a aquello que nosotros mismos demandamos es cuanto menos incoherente. Querer su respeto empieza por respetar nosotros. En realidad todo empieza en nosotros, ellos no salieron de una botella sino de dentro de las familias y muy influenciados por la educación recibida, son nuestro espejo, son lo que hemos hecho de ellos. ¿Hasta cuando vamos a estar pidiendo al estado que haga aquello que nosotros no hicimos?

Es en casa donde empieza a crearse la autoridad y el respeto, porque los valores básicos se aprenden en la familia. Es fuera de ella donde, a edades tempranas, los valores cambian y se adaptan por necesidad, también así sucede en la escuela. Por eso es tan importante desarrollar estrategias dentro del ámbito familiar y de la educación, para apoyar un mejor desarrollo de nuestros hijos o alumnos. Porque todo lo que nosotros adquirimos ellos lo van absorbiendo.

La obediencia y la autoridad.

Obediencia-ciega

¿Quieres la obediencia ciega y sin sentido? ¿O quieres que tengan criterio propio? El criterio va unido directamente a la búsqueda de opciones, a la evaluación de dichas opciones cuestionándose qué hay hasta ahora, para, finalmente, decidir por sí mismos cuál es la mejor opción en este momento. ¿Sabes el mejor regalo de actuar así? Que se harán cargo de las consecuencias de sus decisiones, ¿acaso no es eso convertirse en una persona responsable?, ¿no es eso lo que esperamos cuando sean adultos?

Si padres y profesores, de una vez por todas, nos sentásemos a buscar soluciones conjuntas en lugar de lanzar piedras de unos a otros en forma de reproches, al menos daríamos un paso.  Tanto unos como otros tenemos autoridad, lo somos porque nacimos antes, somos más antiguos en nuestros sistemas familiares y en el sistema del centro escolar que los chicos, tenemos el conocimiento y cierta sabiduría que dan los años, además de la jerarquía del existir antes. Es más, tenemos autoridad en asuntos distintos, porque nuestro saber es diferente, cada uno tiene su rol. Estar antes no significa estar por encima de ellos, esa es la diferencia. Después toca el siguiente paso, ese de convertirnos, ser autoridad, más allá de tomar posesión es demostrar que esa sabiduría es cierta y real.

Empezar esa transformación pasa por evitar como mínimo estos 3 errores. Por muy básicos, no dejan de ser imprescindibles y, sobre todo, demostrado que muchas veces no estás llevando a la práctica. Antes de decir, ya me lo se, recuerda si de verdad estás haciendo lo necesario para convertirte en la autoridad que deseas ser:

3 errores al ejercer la autoridad

1. Primer error: Falta de congruencia y coherencia.

¡Que sí! Aquí te regalo una cita que acabo de crear y que tienes en la imagen: «La mayoría de las personas creen ser coherentes hasta encontrarse con alguien que de verdad lo practica».

¿Qué quiero decir con congruencia y coherencia? Cosas como poner en consonancia pensamiento-palabra-acción, esto es, decir lo que piensas y hacer aquello que dices que vas a hacer. No solo lo uses como una frase hecha, piensa pro un momento, ¿qué crees que pasará si fuerzas a tu hijo para que se lave los dientes después de comer si tú no lo haces? ¿O le dices que sea honesto con sus amigos y te oye contar una «historieta» a una persona?

Cita coherencia - Autoridad - familiaycoachingSi dices que vas a hacer algo, si le prometes alguna cosa, ¡hazlo! Sino, piensa antes de hablar. Ellos recuerdan cada mínima promesa que hayas hecho y te lo recordarán, ¿cómo crees que aparecerás ante sus ojos? Te lo voy a decir, porque a mi en mis clases y sesiones los chicos me lo dicen: «ya no les creo», «eso dice siempre y no pasa»,…

Son tus ojos, olvídate de aquello de «haz lo que yo te diga pero no lo que yo haga». ¡Mentira! Harán lo que tú haces, te copiarán hasta hartarse. Precisamente te emularán en aquello que tú ni siquiera eres consciente de hacer. Utiliza ese reflejo para mejorar. Empieza por ti, ¿cuántas veces faltas al compromiso con tu propia persona? ¿cuántas veces has incumplido tus auto-promesas¿ ¿Cómo te sientes cuando dices voy a terminar esta tarea y al final no lo haces? Eso es exactamente qué sienten ellos.

Si estás pensando en que alguna vez a la mayoría nos puede pasar, es cierto. Fíjate más si esto es más habitual de lo que crees, una vez la cosa no irá más lejos. Cuando se repite, eso es otra cosa, me remito a los comentarios escritos sobre qué opinan los chicos de eso.

2. Segundo error: Falta de escucha y respeto.

Trata con el mismo respeto que tú esperas de ellos. ¿Cómo esperas que los chicos sean empáticos y sepan escuchar a los demás si tú, como adulto, no lo haces?

Es verdad, a veces te sacan de tu lugar, encuentran esa tecla que te hace saltar. ¡Claro! Y entonces, cuando les hablas de malas formas, contestas con irritación, dejas literalmente de escucharles, ¿qué sucede? Eso que te imaginas exactamente, te contestan de malas formas, irritados y dejan de escucharte. Tal cual.

¿Cuando tratas con otra persona adulta te molestas en cuanto tiene un desacuerdo contigo? Si comete un error, ¿te pones por encima de ella y le hablas en tono despectivo? Entonces, ¿por qué esa libertad de hacerlo con los chicos cuando somos padres? Incluso, en muchos casos, cuando se es profesor.

Para enseñar algo, te acuerdas de todo lo leído, es importante ser referente de ello, ser el líder que esperan. El respeto de los chicos es muy importante, tanto como el nuestro hacia ellos. Yo soy consciente cada día de las veces que nos metemos en esas trampas los padres, nos olvidamos de hablar como esperamos ser respondidos.

 3. Tercer error: Falta de criterio claro y concreto.

Esta se sumaría al punto uno, la incongruencia se une al criterio variable, ese que aplicas según tienes el día. ¿Que te levantaste con el pie derecho? eres todo paz y amor, flexible y entonces no das importancia a que llegue tarde, salte en la cama, pegue un grito, se ría o lo que se le ocurre a hacer a los niños o adolescentes. Ahora bien, las cosas cambian si tuviste un mal día. En ese caso, esos mismos 5 minutos que llegó tarde o ese grito o saltar en la cama te llevan a radicalizar, llegas y activas tu otro yo y no atiendes a razones.

Yo no diré que alguna vez no lo he hecho, que tire la primera piedra quien esté libre de  haber cometido este error alguna vez. Existen situaciones que son fluctuantes entre estas dos actitudes de forma continuada en el tiempo. ¿Qué consigues al final? Aparte de hacer vivir al niño o adolescente en la eterna incertidumbre y con ansiedad. Esto les llevará, además, a pasarse las normas, ¡ya te digo yo por dónde! Vamos, que si hoy es «A» y mañana «B» ante una misma circunstancia, no hay forma que se aclaren, ¿cómo cumplir entonces? ¿dónde está el límite real que puedan ellos marcarse? Imagina ya como quedas como figura, autoridad del ser totalmente perdida.

¿Con qué se une esto? Con lo de ser concretos. Es decir, antes de suceder algo da la información veraz, exacta y concreta qué sucederá si se salta alguna norma establecida. Cuando actúas como he explicado te estás dejando llevar por las emociones, las tuyas de adulto, no por el hecho. Por ejemplo: si tienes un adolescente y le das un horario de vuelta, que sepa antes de salir cuál es el siguiente paso ante el incumplimiento. Sobre todo, sepa qué sucederá de forma específica, no variando según tu humor o tu día, sino que llevará asociado: hecho –> consecuencia

Si lo saben antes no podrán acogerse a excusas, por ende les estás forzando a tomar responsabilidad de sus decisiones y acciones.

 

Reflexión y cambio.

¿Crees que esto en tu casa no sucede nada similar? ¿O como profesor piensas que esto no te ocurre a ti? Ojalá así sea, de verdad te pido que reflexiones y hagas auto-crítica. A veces no nos damos cuenta de cuantas veces se nos escapan estas cosas. Si, por el contrario, tú eres de aquellos que si ha sido capaz de construir esta figura fuerte y de apoyo para los chicos, mi más sincera enhorabuena. Entonces puedes leer con ellos este artículo y corroborar cuanto digo, o preguntarles directamente qué les gusta de ti, qué admiran, o similar. Seguro que descubres cosas interesantes.

Para terminar, yo se que este artículo puede levantar ampollas por ser tan directo, así es que te añadiré también algo, la premisa más importante de los padres sobre la que yo siempre trabajo: los padres hacemos lo mejor que podemos por nuestros hijos con las herramientas que tenemos. Podemos extrapolar esto a los profesores que quieren enseñar a sus alumnos. Somos humanos, nos equivocamos a cada paso. No es la falta de intención positiva, sino de las estrategias necesarias para realizar nuestra labor educativa. Mi intención, por tanto, está fuera de flagelarnos, de hacer sentir culpable a alguien, para nada, porque eso no te ayuda. Simplemente he querido abrir tu mente y tu conciencia para apoyarte en construir una mejor persona dentro de ti, ayudarte a desarrollar esa «autoridad del ser» para que puedas convertirte en ese líder que ellos van a desear seguir.

 

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AUTORA

    Susana García - imagen circularSusana García Gutiérrez, Formadora y Coach de Familia-Educativo Sistémico,  fundadora de “Familia y coaching”, Fundadora y directora de Centro FAMES (Centro de Formación para la Familia y la Escuela). Es 1ª Coach de Familias Monoparentales en España. Co-fundadora de AECOFAME (Asociación Española de Coaching de Familia y Educativo) y su primera presidenta 2010-13    

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