Los 3 errores más comunes en las relaciones

Los 3 errores más comunes en las relaciones

por / jueves, 27 febrero 2014 / Publicado enBlog, conflictos, relaciones
Tú habrás tenido, al igual que yo, dificultad al relacionarte con algunas personas, problemas con parejas, amigos, compañeros. A veces esa dificultad ha roto la relación al completo, en ocasiones ni siquiera has podido comenzar a crear una relación porque hizo aguas desde el principio.
¿Sabes por qué sucede esto? Seguro que hay causas subyacentes, ahora bien, a nivel actitud existen 3 errores que cometemos al relacionarnos. Y son tan comunes como estereotipados, de ahí que ni nos demos cuenta porque te parece algo natural hacerlo así. Pues no, nada tiene de natural, es aprendido, es una forma de hacer las cosas heredada, de la familia, la sociedad, hasta la cultura. De hecho cuando alguien se sale de ese formato encuentra reacciones de lo más variadas.
Por eso, cuando nos salimos del camino marcada hemos de estar dispuestos a ser tratados como raros y a recibir respuestas que no esperamos. Por otro lado, merece la pena el riesgo para poder entendernos y relacionarnos mejor con quien sí desea estar con nosotros.
Estos son esos 3 errores:
1- La adivinación.
Aunque no me creas te diré que pareciera todos llevemos una bolita de cristal. Frases del estilo:
«yo se lo que estás pensando»
«esto lo hace para fastidiarme»
«si me quisiera me llamaría»
«no me dijo nada, seguro que es porque le caigo mal»
Montones y montones de ideas pasan por nuestro cerebro ante las acciones de otros. Dejamos a la mente exhausta de pensar, ¿será esto? ¿significará aquello? ¡Basta ya! La forma rápida y óptima de saber por qué alguien hace algo es preguntarle, ni más ni menos. Aunque he observado un pavor a preguntar en algunas personas, entiendo sus miedos, solo que toca superarlos. Bueno, mejor el otro lado, yo que estoy acostumbrada a preguntar obtener cero respuesta porque la otra persona no se espera que yo tome esa actitud, dejar de practicar la adivinación para saber qué es lo que realmente piensa y siente.
Por adivinación huyes, atacas, te enfadas, te sientes triste e incluso rompes una relación. Al menos que si la rompes sea porque de verdad sabes que está sucediendo y elijes dejarla.¿No te parece?
Aunque nuestro lenguaje no verbal supone un 97% de la comunicación y nunca miente, es mejor corroborar lo que ven nuestros ojos e intuye nuestro corazón. Que una amiga entre en tu casa con cara de asco no siempre querrá decir que está asqueada de ti o de tu casa. Mejor preguntarle, ¿qué pasa para tener esa cara? Igual te sorprende diciendo que encontró en la calle algo desagradable y aún se sintió así durante un rato. A ver si tú vas a estar pensando que se molestó contigo y resulta que dejas de hablar con ella y todo por no clarificar una tontería. Creeme, eso pasa continuamente.
La última vez que yo pregunté a alguien que quería decirme con unas actitudes que un día iban en una dirección y otro día en otra obtuve la callada por respuesta. Imagino por falta de habilidades para gestionar una pregunta tan directa. Ese es el precio a pagar, preguntar y no tener expectativa ya que la respuesta no necesariamente nos sacará de dudas.
2- La incoherencia
Añadamos al error anterior tan extendido que, para colmo, decimos una cosa y hacemos otra o justamente lo contrario. ¿Después nos extraña que alguien no nos tome en serio, no nos tenga en cuenta o simplemente se enfade muchísimo?
Aquí el tipo de frases son:
«mañana te llamo»
«quedamos para cenar»
«te voy a comprar …»
«el sábado arreglaré la mesa»
Es cierto, alguna vez, yo también, la mayoría hemos usado alguna de estas frases o similar y no lo cumplimos. Recordemos la procastinación y mucho más clásico el cuento de «Pedro y el lobo». Ahora bien, cuando esto es habitual, diario, ya estamos hablando de otra cosa. No es un despiste, no es algo puntual, es una forma de actuar.
Si tú dices algo y haces lo contrario, ¿qué exactamente estabas pensando cuando lo dijiste? ¿es también incoherente con tu pensamiento? ¿dijiste algo que no pensabas? ¿para qué? ¿para evitar un conflicto, por comodidad, miedo? Puede que haya miedo detrás, a veces parece convencionalismo mal entendido.
Imagina qué pensaría tu hijo o hija si cada día le dices: mañana iré contigo al parque y no lo haces, así durante un mes. ¿Qué va a pensar la próxima vez que lo digas? Es más, ¿qué hara? Si no es el parque y es otra actividad con un hijo mayor, quizá cuando se lo digas te pueda contestar algo: si ya, como el otro día. Un sarcasmo, algo que puede enfadarnos porque tengamos buenas razones, que finalmente son excusas. Si vas a atacar al sarcasmo para corregir a tu hijo, mira primero de dónde viene y qué hiciste tú para generar tal situación. Estás perdiendo autoridad.
Ahora te pongo otro ejemplo, haz esto con tu pareja, o con una posible pareja al conocerla. Alguien que en la boca tiene «te voy a dar ….», «te voy a comprar …» , «te voy a llevar …». Y después no lo hagas, pase el tiempo y eso no se de. Puede que haya muchas razones para no hacerlo, aunque el daño ya está hecho, la otra persona ya no te va a creer. Toma conciencia sobre qué dices, antes toma conciencia sobre qué piensas y sigue la regla básica: decir lo que pienso y hacer lo que digo. Si por algún motivo te provoca una situación incómoda hacer esto más vale que empieces a mirar dentro de ti antes de terminar en un «tú no me entiendes».
3- La desconfianza.
En realidad este error es un producto de las anteriores en muchas ocasiones. Está quien desconfía desde el principio aunque la confianza es una construcción, un proyecto. Puedes ser una persona confiable y confiada, eso es distinto a tener una relación de confianza. Esto último se crea.
¿Cómo se crea la confianza? Con coherencia, con información veraz, con la conciencia de querer estar ahí. Claro que si adivinamos y ya nosotros mismos somos incoherentes, ¿qué tipo de mensaje estás lanzando al otro? Yo desconfío de ti, así él nos devuelve la misma moneda, desconfía de nosotros.
Una de las claves que yo aprendí cuando me hice coach fue tomar conciencia del proceso de generar confianza. Es algo que ya hacemos muchas veces de forma natural, ahora bien, entonces aprendí un plan detallado de cómo eso que antes hacía sin pensar tenía un guión que funcionaba.
Imagina el grado de confianza que tendrán tus hijos si eres coherente entre lo que dices, tus valores y la forma de educarlos. Imagina la confianza que generas cuando tú te abres a alguien y te muestras tal cual eres, le estás diciendo tú también puedes abrirte a mi. Imagina la confianza cuando le dices a tu amigo o pareja qué acción concreta te molesta o cuál te agrada, sin dejar flecos que pueda re-interpretar, diciendo exactamente qué quieres y cómo lo quieres.
Si tienes en cuenta estos tres factores te aseguro que las relaciones que crees serán mucho más placenteras, auténticas y sanas. Es toda una tarea, te animo a ponerte manos a la obra ya.

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Susana García Gutiérrez,

Formadora y Coach de Familia y Educativo Sistémico,  fundadora de “Familia y coaching”, Fundadora y directora de Centro FAMES (Centro de Formación para la Familia y la Escuela). Es 1ª Coach de Familias Monoparentales en España.

Co-fundadora de AECOFAME (Asociación Española de Coaching de Familia y Educativo) y su primera presidenta 2010-13

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AUTORA

    Susana García - imagen circularSusana García Gutiérrez, Formadora y Coach de Familia-Educativo Sistémico,  fundadora de “Familia y coaching”, Fundadora y directora de Centro FAMES (Centro de Formación para la Familia y la Escuela). Es 1ª Coach de Familias Monoparentales en España. Co-fundadora de AECOFAME (Asociación Española de Coaching de Familia y Educativo) y su primera presidenta 2010-13    

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